lunes, 9 de mayo de 2011

Conclusiones de la investigación

A pesar de los tecnofóbicos que ven en Facebook sólo un distractor de la actividad académica y un riesgo para la privacidad del individuo la experiencia de investigación que he tenido este semestre me llevó en la dirección opuesta: Facebook puede ser una excelente herramienta educativa.

En primer lugar, Face sirve de mecanismo de comunicación urgente y puede ayudar, con mayor rapidez que el correo electrónico y con un espíritu más grupal, a resolver las incidencias de un semestre (retrasos en asistencia, recordatorios de tareas, dudas con los exámenes, etc). Es de hecho un escenario inmejorable para la asesoría a distancia, desde la comodidad del hogar.

En segundo, Facebook es un espacio para trabajar contenidos educativos, tanto pequeñas leccioncitas (mensajes rápidos en los que el profesor tenga la habilidad de proporcionar información útil y atractiva para los estudiantes) como cualquier recurso que esté en la red (blogs, diccionarios digitales, videos, podcast, etc). La ventaja agregada es que permite la discusión sobre ese recurso y, por tanto, sería idóneo para actividades colaborativas.

Además, las redes sociales activan posibilidades de vincular lo que pasa en el mundo exterior con el aula y viceversa. Por ejemplo, los estudiantes pueden sumarse a grupos con intereses similares. Es lo que uno de los informantes de mi investigación llamó "comunidades de gustos", que pueden funcionar como comunidades de aprendizaje. El profesor ya no es un "instructor" sino que puede ser un mediador digital de oportunidades de conocimiento que se dan en las redes sociales.

Por último y tal vez más importante, Face proporciona otro escenario donde el profesor puede aprender mucho. Puede aprender, por ejemplo, a funcionar de manera más colaborativa con sus estudiantes, en una relación más horizontal, y en un ambiente de trabajo más lúdico y participativo. Además, las interacciones que tienen lugar en Facebook reflejan el lenguaje, los gustos, el humor, etc, de los alumnos y el profesor puede capitalizar esa información para entender mejor qué quieren aprender y de qué forma los alumnos, cuáles son sus gustos y su forma de comunicarse.